Algunos orígenes.Estaban Eva y Adán en el paraíso, y hacía más de quince días que Adán, el muy tonto, no tocaba un solo pelo a Eva, así que ésta, desesperada, salió a dar una vuelta. Y se encontró enseguida a un dinosaurio, al que pidió, por favor, que le hiciera el amor, a lo que el dinosaurio contestó, y de muy malas maneras, que lo dejara en paz pues ni loco pensaba acceder a sus deseos.Eva, enfadada, y con razón, ante la ordinariez del dinosaurio, dio un salto y, de un mordisco, le arranco los testículos al bicho.Al rato, se topó con un gorila, al que pidió lo mismo, pero el gorila replicó que ni de coña, pues ya tenía bastante con tratar de entender a su pareja como para ponerse además a tratar de entender a otra fémina. Eva... Información adicional
hace 54 segundosEva, cabreadísima, se le abalanzó pero el gorila echó a correr y Eva sólo consiguió arrancarle un buen puñado de los pelos del culo al simio mientras éste huía.Caliente como la tierra misma (licencia poética: recordad que estábamos en el Pleistoceno), Eva se metió a refrescarse en un río, y… un pez se puso a jugar entre sus muslos. Eva respondió al estímulo, se relajó, se dejó hacer, y usó al pez a modo de consolador. Mmmmm.Así que, gracias al conocimiento de estos acontecimientos, hoy sabemos por fin el por qué de la extinción de los dinosaurios y por qué los monos tienen el culo pelado y rojo.Claro que, también por ello, no podremos saber jamás el gusto que, originariamente, tenía… el pescado.P.D. Por cierto; las respuestas del dinosaurio y el gorila fueron las que, andando el tiempo, darían lugar a la expresión:¡¡Que te folle un pez!!


